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Don Juan en la empresa

Mi pasión por el Management unida a mi afición al teatro y al cine, acostumbra a relacionar con el mundo empresarial cualquier argumento o escena de las obras que disfruto.

Mi mujer y yo asistimos la pasada semana en los Teatros del Canal de Madrid al estreno de “Ensayando Don Juan”, la última originalidad de Albert Boadella, quien también dirige la puesta en escena.

Teatro dentro del teatro, ensayo cómico muy recomendable y divertido que, a través de escenas de la obra de Zorrilla, contrapone antiguos modales y formatos sociales frente a extremismos actuales del feminismo y la igualdad de género.

El mito de D. Juan Tenorio de Zorrilla es actualizado por una compañía  de teatro vanguardista cuya directora de escena ensaya una versión bajo el enfoque  del machismo, abuso y explotación de la mujer que el personaje de D. Juan representa y sus nefastas influencias en posteriores generaciones de españoles. Hasta aquí nada que objetar, esa denuncia es correcta. Sin embargo Boadella critica la explotación del éxito y la exageración  por parte del fanatismo de ciertas féminas combativas, así como la estupidez de parte de la juventud que sigue en actitud bovina modas y planteamientos obscenos y banales en formas y comportamientos.

Angela, la directora de escena de dicha compañía teatral de vanguardia, bien interpretada por Mona Martínez, reprueba el estereotipo del D. Juan de Zorrilla, y lo actualiza con tal desatino que provoca las críticas de Fernando, un veterano actor que interpreta al Comendador y que detesta ese formato escénico pues denigra a los clásicos y sólo es reflejo de ciertas modas y tendencias que exaltan los malos modales y el culto a lo cutre, a lo zafio, a lo feo, y en definitiva a la mala educación. No está de acuerdo en que la caballerosidad y la galantería del hombre hacia la mujer sean valores en franca decadencia. “Habláis y vestís feo. Os gusta lo feo porque os parece más moderno”  les increpa el actor veterano a los jóvenes progres. Pero Angela no se muerde la lengua: “El macho ibérico es la parte inservible del pene”.

En cierto modo Boadella coincide  con Mario Vargas Llosa, quien en su ensayo “La Civilización del Espectáculo” augura que la cultura en el sentido tradicional está a punto de desaparecer. Que la banalización y la frivolización ha llegado a extremos alarmantes. La buena educación y el buen gusto se considera facha, carca, jurásico.

Angela no es un personaje ficticio. Dentro y fuera de la empresa hay mujeres que militan bajo esas banderas. Que hablan feo y rehúyen atuendos y formas femeninas por creer que así hacen valer mejor su jerarquía. Es cierto que a veces se ven obligadas pues no les es dificil toparse con algún misógeno o simplemente hombres inadaptados a la nueva realidad social.  Sé de varios colegas en distintas multinacionales conocedores de mujeres directivas que se hacían temibles por sus modales y grado de dureza en las reuniones de dirección. Confieso que eran tiempos anteriores al modelo de cuotas y la discriminación positiva que avanza con fuerza en el mundo empresarial y que presenta aristas diversas y complicadas de consensuar en aquellos casos que no se justifican por puros principios de meritocracia.

Hace años la presencia de mujeres en puestos directivos de la empresa era bien escasa por no decir inexistente. Las mujeres eran empujadas a trabajos secundarios y profesiones selectivas, como maestras, enfermeras, secretarias,… Cuando yo cursaba ingeniería industrial en Madrid, sólo estudiaban tres chicas en toda la Escuela. Una de las tres era Elena Salgado, la vicepresidenta económica del Gobierno Zapatero, amiga y compañera desde nuestra tierna juventud en el Colegio Decroly y posteriormente en la ETSIIM. Ella ha contado en público varias veces que en la Escuela de Ingenieros, donde estudiamos cinco años, no había servicios para chicas porque hasta entonces no se matriculaba ninguna fémina.

Hoy en día hay más mujeres que hombres con estudios superiores entre la juventud española. Y parece ser que con mejores expedientes. Por lo tanto no es extraño el progreso femenino en puestos relevantes de la Empresa y de la Administración independientemente de polémicas discriminaciones positivas.

Otro paralelismo que encuentro en la obra es respecto al enfrentamiento entre los planteamientos extremos de la directora de escena Angela y el actor veterano. Es el enfrentamiento de la nueva generación con la experiencia. Enfrentamiento generacional en lo simple y en los conceptos profundos.   Situaciones similares son frecuentes en la empresa cuando aparece un nuevo director, muchas veces inexperto en el negocio por provenir de otras divisiones o sectores, e implanta sus procedimientos y estrategias con temeraria alegría sin tomar tiempo y distancia para asimilación del negocio ni escuchar lo suficiente a sus colegas veteranos.

Para finalizar os cuento lo más sorprenderte de “Ensayando Don Juan”:  Sabéis quien representa en el escenario el papel de Fernando, el actor veterano que representa primero al Comendador y al final a Don Juan. Pues nada menos que Arturo Fernández. Si, si, Arturo Fernández.  El actor , no el empresario. ¿Quien podría imaginar una colaboración Boadella, el progre – Arturo Fernández, el burgués? Una vez más Boadella nos sorprende, al eligir un galán que lo sigue siendo a sus 85 años, vibrante en sus gestos, en su dicción, en el porte de su elegante figura de 1,82 m. Un caballero en su trato con las mujeres, que no pierde su maestría ni cuando, al elevarse tras su arrodillada declaración de amor, pide ayuda a Doña Inés (estupenda Sara Moraleda).

Un teatro lleno de admiradoras de Arturo aplaude a rabiar. Yo, que nunca lo había visto en vivo en el escenario,  también lo hice.

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