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Los indicadores que importan a la empresa (1/2)

Comentábamos en el artículo anterior que el PIB creado en el año 1932 como indicador del riqueza y  nivel de progreso de un país ya no respondía a las aspiraciones de la sociedad desarrollada moderna al no incluir parámetros medioambientales y sociales.

Trasladándonos a la microeconomía encontramos una situación similar. ¿Es correcto que la empresa siga focalizada exclusivamente en sus resultados económicos sin tomar en consideración los impactos que su actividad provoca en la sociedad y en el medio ambiente?

Al igual que disponemos de un reporte oficial de contabilidad económica ¿deberían añadirse indicadores medioambientales y sociales configurando una triple cuenta de resultados?

¿La Responsabilidad Social Empresarial (RSE) es sencillamente una moda o tendencia empresarial que, como otras, pasará con el tiempo?

Hagamos un repaso breve a su historia. Desde las aportaciones de Adam Smith hasta más allá del final de la segunda Guerra Mundial sólo se contemplaba la filantropía como paso de avance en aportación social, una vez cumplida la legalidad vigente, los códigos éticos de los negocios y la deontología profesional del momento.

La mayoría de los investigadores sitúan los orígenes de la RSE en el año 1953, de la mano del libro “Social Responsabilities of the Businessman” de Howard Bowen, para muchos el padre de la RSE.

Durante los 50 y los 60 florecen en EEUU las discusiones académicas sobre el tema, pero es en el año 1.970 cuando, en medio de la crisis de aquellos tiempos, comienza a utilizarse el término de Responsabilidad Social. En 1973, Milton Friedman, quien llegaría a ser Premio Nobel de Economía en 1976, animaba el debate con un artículo publicado en The New York Times donde exponía que “la responsabilidad social de las empresas consiste exclusivamente en aumentar sus beneficios”, manteniendo en distintos foros que la RSE no era más que una “fachada hipócrita”, una forma de potenciar la imagen y la reputación de las empresas. Según él la responsabilidad social debe llevarse a cabo por los individuos a título meramente personal.. De otro modo estaríamos atentando contra los principios de la economía libre de mercado y cayendo en planteamientos de colectivismo marxista.

 

No sólo eminentes representantes del liberalismo sino también autores más moderados, como Peter Drucker en los 80, han seguido el concepto de Friedman apoyando que los directivos deben cuidar los beneficios de los accionistas y limitar la responsabilidad social a título puramente personal, si bien seis años antes de su muerte, en su último libro, “Desafíos de Management para el Siglo XXI” (1999) encuentra motivos y oportunidades en la aplicación de la RSE.

Por el contrario, y principalmente, desde distintos países europeos se impulsaba a los organismos internacionales por una mayor implicación en los planteamientos medioambientales y sociales. Así en 1987 el Informe Brundtland de la ONU menciona por primera vez el término desarrollo sostenible, definido como “aquel que satisface las necesidades del presente sin comprometer las necesidades de las futuras generaciones”.

Sin embargo es realmente en la década de los 90 y durante el inicio del nuevo siglo XXI, años de grandes crecimientos empresariales y financieros, cuando se produce asimismo el mayor desarrollo de la RSE, no sólo en EEUU sino a nivel global.

El tema es controvertido y polémico tanto en la teoría académica como en su implantación práctica dentro de corporaciones y empresas. Alexander Dahlsrud en 2008 llegó a reunir y analizar 37 definiciones de responsabilidad social corporativa, en relación con cinco categorías: función económica,  social, medioambiental, stakeholders y voluntariado. Esta dispersión y confusionismo  es aprovechado por los críticos y adversarios de la responsabilidad social, que lo tildan de moda pasajera manifestando que se trata de un concepto ambiguo, inconexo en la gestión empresarial, sin objetivos claramente definidos, y sin retorno cuantificable.

Para contrarrestar estas críticas, y tratar de unificar criterios, se reunieron 450 expertos de los distintos stakeholders de 91 países  durante 7 años hasta que, finalmente el 1 de noviembre del 2010, la International Organization for Standarization publicó su ISO 26000, centrando conceptos dispersos hasta el momento.

A pesar de quedar como norma de referencia para la RSC, la ISO 26000 no llega a ser norma certificable ni sistema de gestión; queda como componente cultural para las organizaciones pero alcanzando sólo la categoría de guía. No oficializa herramientas de evaluación y limita su seguimiento a la voluntariedad de las corporaciones.

Una vez más la voluntariedad es el principal caballo de batalla que enfrenta desde el principio dos líneas de pensamiento, dos posturas muy diferenciadas:

A) De un lado los que defienden que la RSE no debería salir del campo de la voluntariedad. Aquí militan habitualmente las organizaciones empresariales y sus grupos de opinión. Es más, si los Managers simpatizaran en la práctica con estos principios sin aprobación expresa de sus TOPs y/o accionistas podría suscitarse un conflicto de agencia.

B) Al lado opuesto, principalmente en Europa, se sitúan determinadas organizaciones de la sociedad civil, sindicatos, ONGs, y muchas corrientes de pensamiento no satisfechas con el nivel de liberalismo político-económico que impera en las últimas décadas, quienes abogan por una mayor regulación por parte de las entidades gubernamentales para impulsar políticas efectivas de RSE, bien sea por legislaciones de obligado cumplimiento, por ventajas fiscales y/o por puntuaciones extra en los concursos de la Administración.

En este sentido la UE acaba de dar un paso de avance que vamos a comentar en el próximo artículo y veremos asimismo diversas herramientas a las que las empresas pueden acogerse para evaluar su progreso en la RSE.

Nota.- En este Blog los términos RSC y RSE son usados indistintamente como equivalentes

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AUTORREFLEXIÓN:

¿Crees que es suficiente responsabilidad social  lo que hacen las empresas dando empleo y salarios, pagando impuestos y cumpliendo a rajatabla la legislación vigente?

¿Estás de acuerdo con Friedman que la principal responsabilidad de los directivos es gestionar la empresa siguiendo exclusivamente los deseos de sus accionistas? ¿Estamos ante un conflicto de agencia?

¿Emplear obligatoriamente recursos de la empresa para acciones de RSE atenta contra la libertad y la economía de mercado?

¿Permite la presión competitiva en un mercado global dedicar recursos a la RSE?

¿Es la RSE sencillamente una moda o tendencia empresarial que, como otras, pasará con el tiempo?

TEMAS RELACIONADOS:

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3 Responses to Los indicadores que importan a la empresa (1/2)

  1. julian says:

    por supuesto que si los directivos siguen la RSC sin permiso hay un conflicto de agencia. Y de los gordos. Los accionistas podrian argumentar desvio de beneficios.
    Por eso la RSC debe fluir desde lo mas alto de la organizacion

    • Rafa Cámara says:

      Correcto. Esa es la solución al conflicto de agencia. La RSC tiene que contar con la aprobación y orientación de la cúpula, del consejo de administracion. Lo vemos en el artículo siguiente que concluye estos planteamientos iniciales.
      Gracias por el comentario

  2. Rita the singer says:

    Muy jnteresante el resumen histórico de la RSE. Desconocía la militancia en contra de Milton Friedman con su gran influencia en años pasados. Genial el video con el coro Friedman. Que manera de posicionarse. Que pasada.

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