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HOMBRES DE EMPRESA (2/2)

Ya vimos en la película “To big to fail” comentada en el articulo anterior que la teoría que vincula el tamaño de las grandes corporaciones con su garantía de continuidad no siempre se cumple, de modo que cuando estas compañías se hunden sin ser rescatadas por el Gobierno de la Nación, , en el mundo actual globalizado, provocan daños de consecuencias que hasta la fecha eran desconocidas, como demuestra el caso de Lehman Brothers.

No obstante la intervención de los Estados, como así decidió el Gobierno de los EEUU ante el caso de la aseguradora IAG asimismo descrito en la citada película, se ha demostrado como un mal menor que perjudica la cohesión social al socializar las pérdidas y daños cuando esas grandes corporaciones amenazan con derrumbe económico.

El gigantismo empresarial cuando se trata de sectores críticos, máxime en el sector financiero, produce concentraciones y poderes económicos tan desmesurados que pueden llegar a comportar enormes riesgos sistémicos (*) y representan un grado de poder superior al de muchos países. Basta recordar que los ingresos de ciertas corporaciones superan el Producto Interior Bruto (PIB) de muchas naciones incluso del área occidental desarrollada. Los gobiernos podrían quedar a merced de las grandes multinacionales en unos conflictos de intereses difíciles de resolver.

Por ejemplo Wal-Mart, con más de 500 mil millones de dólares maneja un volumen de ventas que supera el PIB de Noruega. Tomando ejemplos de empresas españolas, los ingresos anuales de Repsol superan el PIB de Ecuador y los del BBVA superan el PIB de  Guatemala. Acaban de cumplirse 40 años de la muerte de Salvador Allende, el presidente socialista de Chile quien ya en sus días declaró: «estamos ante un conflicto frontal entre las grandes corporaciones transnacionales y los Estados. Éstos aparecen interferidos en sus decisiones políticas, económicas y militares por organizaciones globales que no dependen de ningún Estado y que no están fiscalizadas por ningún parlamento».

Esta realidad acredita la enorme responsabilidad que los hombres de empresa, los TOPs y Managers de las grandes multinacionales, tienen en el manejo de los negocios.

Retomando el tema del artículo precedente, sigamos hablando de películas sobre managers y empresas.

Si bien “Too big to fail” está montada sobre un guión que podría presentar cierto sesgo y tendencia como argumentaba el Dr. Rodriguez Braun, el interesante documental norteamericano producido un año antes bajo el título “Inside Job” (2010) constituye un documento histórico que no debe faltar en ningún análisis sobre esta crisis, al tiempo que constituye una referencia emblemática para la regeneración del management. A través de una extensa investigación con entrevistas reales a personajes auténticos, financieros, políticos y periodistas, con datos y cifras, perfila más objetivamente la realidad y refleja ciertas actitudes de los TOPs y Managers de estos tiempos en la política y las grandes  corporaciones, ambas siempre tan interrelacionadas. (Se inserta este documental en su versión doblada al español)

En “Inside Job” quedan patentes responsabilidades de las distintas decisiones de los políticos de EEUU que favorecieron las malas prácticas del sector financiero en alimentar irresponsablemente un exceso de crédito a empresas y particulares. Según su director, Charles Ferguson, “Era una crisis totalmente evitable; de hecho durante 40 años después de la Gran Depresión, los Estados Unidos no tuvieron ni una sola crisis financiera. Sin embargo, la progresiva desregulación del sector financiero desde la década de los ochenta, ha dado paso a unas “innovaciones” financieras que han generado una sucesión de crisis hasta desembocar en la del 2008.

El mimético seguimiento de toda tendencia empresarial estadounidense con eficaz ayuda de la globalización, la cual junto a beneficios comporta también enormes daños, extendió el cáncer económico a diversos países. Basta constatar que España actualmente acumula redondeando cerca de 3 billones de euros (con doce ceros) : 1 billón de deuda pública, la única de la que se habla habitualmente, más otro billón de deuda de empresas más casi otro de deuda de las familias. Insostenible teniendo en cuenta que el PIB español, también redondeando alcanza 1 billón de euros. Si bien la deuda empresarial y personal tiende a remitir, la deuda pública sigue aumentando. A pesar de los recortes, el incremento de los porcentajes de IVA y otros impuestos y la disminución de la prima de riesgo, la deuda del Estado sigue aumentando debido a la devaluación interna a través de bajadas de sueldos, la menor recaudación impositiva por disminución de la actividad económica y, sobre todo, por las cantidades dedicadas a la ayuda (la palabra rescate no es oficial) de la banca española. Recordemos: aportaciones europeas por valor de 60.000 millones de euros, adquisiciones de activos tóxicos por el “bancomalo” y créditos blandos del ICO (Instituto de Crédito Oficial) y del FROB (Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria). Muchos economistas no ven salida a este volumen de deuda pública sin una quita bien sea acordada con las entidades financieras que nos han prestado o, una vez más, aplicada a los ciudadanos mediante un impuesto especial sobre la riqueza individual. Esperemos acontecimientos.

(*) Riesgo sistémico financiero (no confundir con riesgo sistemático)  es  la posibilidad de que todo el sistema financiero desemboque en un colapso por causa de que una de las entidades o grupos intervinientes pueda producir con su caída la inestabilidad en cascada del resto de las entidades.

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