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Currar en tiempos revueltos

Me reúno con Leopoldo, un colega de la competencia, y sin embargo amigo.

Me cuenta lo duro que está siendo el día a día en su empresa. La lucha por la supervivencia se ha convertido en el modus operandi dentro de  los departamentos. El trepaje, término aún no incorporado al diccionario para describir la forma de ascender en el organigrama organizativo, ha sido sustituido por el desacreditaje, es decir la práctica de desacreditar y malmeter contra compañeros para ponerlos en menor valoración frente a uno mismo.

En este sentido algunos han pasado de ponerse flores a emitir juicios y acusaciones mas o menos veladas sobre la ejecutoria o actitudes de los demás.

Se trata, en definitiva, de aumentar tu valor en la compañía a base de disminuir el valor de tus equivalentes o colegas (peers que dicen los anglosajones) de otros departamentos. Una estrategia en previsión de  eventuales amortizaciones de puestos de trabajo, ante expedientes de reducción de empleo (EREs) o puntuales reducciones de personal.

- Hay que tener mucho cuidado con lo que dices, con lo haces, con lo que propones, … porque es fácil que alguien arrime el ascua a su sardina para sesgarlo en tu contra – me comenta Leopoldo.

Y es que hoy en día tienes que crear en tu entorno un cierto espacio de seguridad para no verte inmerso en dolorosos desengaños, porque a veces la acción puede venir de quien menos lo esperas, tanto por parte de compañeros como de jefes.

Aquella tendencia de finales de los 90 que estimulaba a socializar en la empresa se ha convertido hoy en una práctica de alto riesgo.

Los departamentos de RRHH de entonces, siguiendo tendencias de EEUU defendían que la socialización con compañeros y jefes más allá del horario de trabajo producía beneficios en la confianza mutua, el compromiso, el objetivo común, la productividad, etc.

Eran prácticas de teambuilding para la motivación y desarrollo de las relaciones humanas, mediante ejercicios lúdico-formativos de interrelación. (Ahí queda eso…)

 La teoría se extendió al entorno exterior de la empresa y, sobre todo en EEUU, las empresas más avanzadas contrataban costosas jornadas y fines de semana para convivencias en actividades outside con clientes. Argumentaban sus promotores diversas ventajas para el aseguramiento del negocio presente y futuro gracias a estas vivencias interpersonales. Se crearon diversas actividades desde los paintballs a los viajes en globo, pasando por todo tipo de gymkanas y pruebas de habilidad. He oído que lo ultimate es una jornada culinaria para que los participantes exhiban o aprendan habilidades y luego deleiten lo cocinado. (Atención a la gilipoyuaá, que diría Tip en su genial skech de la Jarra de Agua)

Esto de la cocina, aunque se presta más para familiares y amigos, por lo menos no comporta peligrosidad. Recuerdo una película norteamericana, aunque no su título, que criticaba dramáticamente la inclusión de ejercicios de riesgo. Una agresiva empresa de publicidad invitaba a los TOPs de sus mayores clientes para un fin de semana de aventura que incluía una jornada cinegética. Con maestría cinematográfica relataba las diferentes rivalidades y envidias que afloraban entre los participantes durante las pruebas de habilidad y destreza, culminando con la utilización de las armas para la caza del hombre.

Más reciente es la española “Casual Day” que describe un fin de semana con jefes y empleados en una casa rural del País Vasco donde surgen los conflictos, debilidades y miserias personales de cada sujeto.

No quiero decir que todas las acciones relacionales de este tipo sean criticables. En España, antes de los recortes de presupuestos por la crisis, algunas empresas invitaban a sus grandes clientes a un viaje o crucero dentro del cual se dedicaban unas horas a la presentación de un producto o promoción de una campaña de ventas determinada. Cosas así son muy apreciadas por los participantes y potencian la imagen de la compañía, aunque actualmente muchas grandes empresas lo tiene excluido por políticas de integridad, en mi opinión, exageradas.

Igualmente es positivo concluir una convención o reunión interna con actividades lúdico-culturales, como por ejemplo invitación a espectáculos, una visita a un museo o a lugares emblemáticos de la ciudad anfitriona.

Caso  especial son las situaciones en las que conviene buscar espacios oportunos para tratar temas difíciles o delicados. Es decir, estados puntuales o específicos de tu vida laboral, personal o familiar que es conveniente aclarar o transmitir, sin extender estas prácticas a rutinarias reuniones afterworks con confidencias que deben permanecer en tu ámbito personal.

Obligado es recordar que actualmente las redes sociales pueden constituir un serio riesgo profesional. Si bien LINKEDIN es una herramienta interesantísima para los profesionales, mucho cuidado con lo que subes a otras redes sociales como YOUTUBE, FACEBOOK, TWITTER, etc, porque ahí queda en permanencia, y algo que hoy en tu circunstancia actual no es de importancia, pasado el tiempo en una nueva situación puede ser perjudicial.

 

AUTORREFLEXIÓN:

¿ Tienes jefe(s) confiable(s) como para socializar fuera de horas laborales ?

¿ Cuales son tus experiencias tras algún teambuilding en el que hayas participado ?


One Response to Currar en tiempos revueltos

  1. Elisa says:

    Socializar es positivo siempre que no se olvide que estas en un entorno profesional, en relación a los comportamientos tóxicos desde mi punto de vista son los managers la referencia por lo que esta en su estilo de gestion la clave para reconducir las relaciones y conseguir la focalizacion en el negocio y las relaciones productivas.

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