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Evitar conflictos no es siempre positivo

Comentábamos en el artículo anterior que hay ocasiones en las que ser políticamente correcto deja de ser un comportamiento ético.

Os invitaba a reflexionar sobre casos que hayáis vivido sobre este particular. De aquellos que me habéis transmitido entresaco los que creo que no son casos aislados sino que por desgracia se repiten con excesiva frecuencia.

Caso 1.- Cuando el superior o jefe deja pasar faltas o temas más o menos difíciles o conflictivos, y el problema se encona con el tiempo perjudicando el clima del equipo.

La dejación por comodidad y falta de coraje del jefe puede llegar a poner en riesgo la salud laboral del equipo y ello repercute así mismo en el negocio. La castiza frase de “coger al toro por los cuernos” en los momentos iniciales del problema es la mejor táctica por dura que parezca ejecutarla al responsable. Ánimo y “al toro”.

Caso 2.- La condescendencia ante compromisos tanto con clientes como con proveedores para evitar choques.

Son típicos los abusos en que habitualmente suelen incurrir los clientes llevados de su posición teórica de dominio. O los ninguneos que ejercen sobre el comercial que los atiende saltándose a su superior para conseguir beneficios extra. Es este superior el que debe defender y hacer respetar a su colaborador, y nunca dejarle en mal lugar. Porque si no lo hace, ese colaborador queda desautorizado ante el cliente que abusará en permanencia de su gestión no refrendada por su jefe. Y esta situación también afecta al negocio.

Un lector me contaba que explicando con profesionalidad a un cliente las razones por las que un servicio extra debía ser cotizado al no estar incluido en el alcance de suministro,  el cliente aprovechando las turbulentas aguas laborales que nos circundan, le atemorizó con el siguiente comentario: “Bueno, ahora las rotaciones son muy altas y ya verás como tu sustituto me lo concederá”. Afortunadamente, el superior de nuestro amigo tenía clara su responsabilidad y no solo apoyó la gestión de su colaborador sino que organizó una visita al cliente para, en presencia de su comercial, refrendar sus argumentos. La situación se recondujo y la relación volvió a ser profesional y seria. En frase popular, este directivo supo poner “los puntos sobre las íes”.

Caso 3.- La abulia y desinterés ante los procesos de aprobaciones vía workflow.

La nuevas tecnologías agilizan teóricamente los procesos de comunicación en las empresas. Sin embargo, esto es habitualmente falso cuando en las corporaciones los distintos estamentos con sus responsables a la cabeza se escudan unos con otros en los procesos de decisión. Incluso en aquellas decisiones o ejecuciones que pudiéramos llamar de nivel medio se acostumbra a incluir en el proceso de aprobación/información a un sin fin de funciones aunque estas tengan una responsabilidad marginal en el tema.

De esta forma, el workflow se ha convertido en la herramienta mágica para que todo el mundo sea corresponsable del proceso en cuestión. O sea la responsabilidad se diluye (que es de lo que se trata) y el proceso puede quedar paralizado en el tiempo en cuanto uno de los intervinientes en serie bloquea el flujo. Es entonces cuando hay que recurrir al formato tradicional, es decir a telefonear a quien bloqueó, cuya identidad a veces no conoces y debes investigar, y rogarle valide la acción. Cosa que el interpelado ejecuta normalmente en automático con el fin que le dejen en paz, y sin clara convicción de lo que allí se solicita. Al fin y al cabo, si ya lo hubieron aprobado cinco no voy a ser yo quien ponga pegas , se justifica.

Por favor Directores, si tenéis influencia, capacidad y jerarquía suficiente para redefinir esos malvados workflows, no dejéis de dedicar un poco de vuestro precioso tiempo a evitar tanta pérdida del mismo en las tareas de vuestros colaboradores. Sed valientes y enfrentaos con la verdad por delante a vuestros similares o “peers” y, entre todos, poned racionalidad en tanto dislate. No confundamos la solidaridad y el trabajo en equipo, con compartir responsabilidades para evadirlas y complicar a los demás, mejor que “cada palo aguante su vela”.

Para no hacer largo este post, dejémoslo aquí. Aunque ya estáis pensando que podríamos seguir poniendo muchos otros ejemplos.

 

 

 


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