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¿Ética de las personas o ética de las acciones?

Ayer conocimos la noticia del relevo en la presidencia no ejecutiva de CaixaBank. Jordi Gual sustituye a Isidro Fainé. (link aquí)

Cuando uno lee la noticia en la prensa especializada se percibe que el nombramiento de altos directivos en el sector privado no es una tarea fácil y la decisión es un complicado polinomio con la meritocracia como condición sine qua non más distintas variables cuya suma algebraica debe ser lo suficiente para conseguir que la candidatura llegue a buen término.

El Sr. Gual presenta un excelente currículum vítae: es economista que complementa su actividad académica como profesor en activo del IESE, con su actividad empresarial pues lleva años en distintas funciones en CaixaBank.

Un amigo que conoce a al Sr. Gual me comenta que el nuevo presidente es firme convencido de la necesidad de implicarse en la RSC y cree en sus positivos resultados para la empresa.

- Hombre, ¡ cómo no !- le replico yo – En esos puestos lo políticamente correcto es dedicar grandes panegíricos en defensa de la RSC. Pero aterrizando al día a día se suele comprobar que del dicho al hecho hay mucho trecho.

Mi amigo insiste en que, en esta ocasión, nos encontramos ante una elevada ética personal.

Yo no lo dudo. De hecho el grupo Caixa está comprometido y actúa en consecuencia desde hace años con muchos postulados de la RSC. Simplemente el nombramiento de una persona comprometida me despierta 2 debates: el debate entre la ética de personas y la ética de acciones, y el de la necesidad de calar e impregnar desde la cúspide a toda la pirámide de mando.

La experiencia demuestra que la RSC que fluye de las acciones de la dirección operativa y los mandos intermedios tiene mayor eficiencia en la aplicación práctica. Es decir, cuando fluye de managers que crean entornos favorables y gestionan acciones eficientes.

Por supuesto, un defensor de la RSC en la Presidencia no solo es positivo, seguramente es condición necesaria aunque no suficiente.

Volviendo a esta presidencia que comentamos, observamos que es una presidencia no ejecutiva. ¡Ay! La RSC hay que implantarla efectivamente a lo alto y ancho del nivel ejecutivo. Algunas corporaciones implantan un responsable de RSC como figura florero sin apenas  impacto efectivo aparte de los informes anuales de greenwashing.

No es este el caso de Grupo Caixa, creador en el 2005 de la Cátedra “Caixa” de RSC y Gobierno Corporativo con el profesor Argandoña al frente. Precisamente ayer,  Antonio Argandoña,  publicaba un artículo que se alinea con lo que comentábamos mi amigo y yo, y cuya lectura os recomiendo (link aquí).


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