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Cuando el killer es admirado

Imaginaba el debate por otros derroteros. Todo marchaba como lo había previsto y deseado. El Forum del FNAC estaba lleno hasta arriba para la presentación de un libro, mi primer libro. Allí estaban allegados, familiares y amigos, la mayoría del trabajo, lo cual representaba un espaldarazo a un libro empresarial.

Cuando comenzó el acto, recorriendo con mi vista el  auditorio, me vino a la memoria el aforismo de un antiguo colega.

- Mira Rafael, – me decía hace años mi colega de Siemens – desde hace ya tiempo es tontería organizar presentaciones de productos en Madrid o en Barcelona. El ajetreo y el stress en las grandes ciudades es tal y los desplazamientos llevan tanto tiempo, que no asiste casi nadie, salvo que ofrezcas una comida o cena a todo trapo…

Cargado estaba de razón. Una de sus ideas revolucionarias fue eliminar el gasto estéril que suponía asistir, como era habitual hasta entonces, con un gran stand a la Feria MATELEC en los recintos de IFEMA en Madrid. Argumentaba, con acierto, que en esos eventos donde ya empezaban a asomar los fabricantes chinos, las grandes compañías con su enorme poder de convocatoria favorecían la difusión y los contactos con los clientes a empresas advenedizas de la competencia. Tan firme estaba en su teoría que no dudó en utilizar la provisión de fondos de la Feria para alquilar a RENFE un tren que recorrió España parando uno o dos días en las principales capitales donde se invitaba a los clientes a visitar el tren en el que cada vagón alojaba los productos de las distintas divisiones de la compañía. Luego, los clientes eran agasajados con un almuerzo en uno de los restaurantes de referencia de cada localidad. Aquella acción de marketing fue igual o más costosa que la feria pero evidentemente, de mayor impacto comercial y total focalización  sin regalar nada a la competencia.

Pensaba esto orgulloso del aforo conseguido mientras corría el booktrailer por la pantalla tras las palabras de Javier, el Director de la Editorial, abriendo el acto.

Estaba convencido que la audiencia estaría esperanzada y encantada con un speach positivo, de motivación y loa hacia el líder auténtico en detrimento del posicionamiento killer que, pensaba yo, a estas alturas había quedado bien desautorizado y desprestigiado por los hechos acaecidos durante los últimos años.

¡Cuán equivocado estaba! Me llevé una gran sorpresa al comprobar que de principio a fin el protagonista del acto no fue el líder y su circunstancia. El protagonista fue el killer.

La primera pregunta de la presentadora Nativel Preciado ya apuntó en esa dirección : “un líder tiene mucho de killer, y no sé qué porcentajes hay entre una cosa y otra…He entrevistado a todos los líderes políticos, empresariales, artistas…, y muchos de los líderes tienen muchísimo de killer ”. Manifiesta Nativel que la crisis ha “encanallado” el liderazgo, los valores han retrocedido y el momento histórico deja poco espacio para los líderes honestos.

Por su parte la segunda presentadora, Ana María Peláez, lo dejó claro desde el principio: “lo que no me gusta dentro del liderazgo son los blancos y los negros, yo prefiero los grises…”

No quedó ahí la cosa, la mayoría de las muchas preguntas del auditorio se orientaron en el mismo sentido: “¿no es bueno ser un poco killer?”, “¿puede un líder pasar de líder a killer y viceversa?”

En una palabra, casi todas las reflexiones enfocaban la necesidad para el líder de combinar en el contexto actual un cierto porcentaje de killer.

Analizando estas preguntas y el artículo que amablemente Nativel dedicó al asunto en su habitual columna de la revista TIEMPO, creo que más que la crisis lo que realmente “encanalló” el liderazgo fue la cultura del pelotazo, del éxito económico sobre todas las cosas, la dejación de muchos en el respeto a formas, fondos y valores. Y de ahí la crisis, no al revés.

Es cierto que la creencia más extendida es que para ser líder hay que ejercitar el killer que casi todos llevan dentro, pero pienso que en el fondo todos estamos convencidos que el rol de killer en el management debería quedar como residual, y debería ser señalado sin temor, en la medida que a cada uno le sea posible, como despreciable.

Ya es hora, siete años después, que un nuevo concepto de liderazgo reemplace al que tanto daño ha hecho. No podemos seguir respetando al killer, ni tratar de imitarlo como imitan muchos niños mejicanos al narcotraficante “Chapo” Guzmán, cuya escapatoria por un túnel parece la historia de una película fantasiosa. No apoyemos los mayores a los que admiran y querrían imitar a  personajes como Gordon Gekko (Michael Douglas en “Wall Street”) o Jordan Belfort (Leonardo di Caprio en “El Lobo de Wall Street”) que también parecen de película, pero existen de verdad.

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One Response to Cuando el killer es admirado

  1. Miguel says:

    Es que la discusión se nos queda en lo superficial. Es innegable que no puede haber liderazgo sin firmeza y constancia al exigir pero, el ideal del líder es el que además sabe calcular hasta dónde exigir en cada caso, aconsejar / dejarse aconsejar y compartir éxito y fracaso de forma generosa.

    Como apuntas, necesitamos ejemplos de ese tipo.

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